Una reserva natural para cada ciudad
Extracto de libro de Claudio Bertonatti
A Francisco Erize, que tanto hizo por dar a conocer la naturaleza y sumar nuevas áreas protegidas.
Las áreas protegidas son la forma más eficaz para conservar la naturaleza, su biodiversidad y asegurar el mantenimiento de los bienes o servicios ambientales que ella brinda. Es decir, para brindar una mejor calidad de vida a las personas. También, para preservar los sitios de importancia del patrimonio cultural (mate-rial o espiritual). Por eso, las áreas protegidas constituyen una herramienta central en toda estrategia de conservación.La Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) define un área protegida como“un espacio geográfico claramente definido, reconocido, de-dicado y manejado, a través de medios legales o eficaces de otro tipo, para lograr la conservación largo plazo de la naturaleza con sus servicios ecosistémicos y sus valores culturales asociados”.A nivel mundial existen unas 250.000 áreas naturales protegidas en 245 países y la ten-dencia es que cada vez haya más, dado que las necesidades ambientales también se han incrementado. En su conjunto, todas esas áreas protegen el equivalente al 15% de la superficie terrestre y un 10% de ecosistemas acuáticos. Parece mucho, pero no alcanza para resolver la crisis ambiental. De hecho, no todas las ecorregiones del mundo (823 terrestres y 232 marinas) están bien protegidas o repre-sentadas.
En la Argentina, por ejemplo, a fines del 2020 había más de 600 áreas naturales protegi-das. Unas 60 del Estado Nacional (Parques Nacionales, Reservas Nacionales, Monu-mentos Naturales y Reservas Naturales de la Defensa), casi 300 parques o reservas provin-ciales, más de 50 reservas o parques munici-pales, una docena de reservas universitarias y casi 300 reservas privadas (aunque no to-das estas están reconocidas oficialmente). Desde luego, ya no resulta sencillo crear nue-vos parques nacionales de enorme superfi-cie. El reemplazo de los hábitats naturales, su fragmentación, la privatización de las tierras públicas y su valor inmobiliario acotan esas posibilidades. Esto no quita que haya que re-doblar esfuerzos para lograrlos y complemen-tarlos con parques provinciales o estaduales. Pero hay muchas oportunidades todavía para sumar pequeñas reservas en las ciudades o en su periferia. Por eso, ante la crisis ambiental global y el deterioro de la calidad de vida de las personas es importante que cada ciudad del mundo cuente, al menos, con un área natural protegida. Lograrlo facilita el cumplimiento de algunos de los “Objetivos de Desarrollo Sos-tenible” (ODS) impulsados por las Naciones Unidas (ONU). Por eso, esta es una de las misiones más tras-cendentes que puede desarrollar una insti-tución o una gestión de gobierno, porque es equivalente a fundar un museo, un jardín bo-tánico, una escuela, un hospital... Es decir, un compromiso memorable, inteligente y perma-nente que da resultados inmediatos al servicio de la sociedad y de su desarrollo armonioso con su entorno.
"Si todos los países pudieran acordar la creación de una nueva reserva natural en cada uno de sus municipios o alcaldías, ésta sería una de las medidas más eficaces e inmediatas para prevenir o mitigar los efectos del cambio climáti-co a escala mundial."
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