DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA
COMÚN
1. Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi
Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que
nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la
existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado
seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y
gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba ».
2. Esta hermana clama por el daño que le
provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha
puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y
dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón
humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de
enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres
vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está
nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm
8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio
cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da
el aliento y su agua nos vivifica y restaura. 1 Cántico de las criaturas: Fonti
Francescane (FF) 263…
…“Mi llamado 13. El desafío
urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda
la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues
sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo
marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La
humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa
común. Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más
variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la
protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes
luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación
ambiental en las vidas de los más pobres del mundo.
Los jóvenes nos reclaman un
cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro
mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los
excluidos. 14. Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo
como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación
que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces
humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial
ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones
ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos
para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no
sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de
los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los
creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación
cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una
solidaridad universal nueva.”…
CAPÍTULO
PRIMERO
LO
QUE LE ESTÁ PASANDO A NUESTRA CASA
17. Las reflexiones teológicas o
filosóficas sobre la situación de la humanidad y del mundo pueden sonar a
mensaje repetido y abstracto si no se presentan nuevamente a partir de una
confrontación con el contexto actual, en lo que tiene de inédito para la historia
de la humanidad. Por eso, antes de reconocer cómo la fe aporta nuevas
motivaciones y exigencias frente al mundo del cual formamos parte, propongo
detenernos brevemente a considerar lo que le está pasando a nuestra casa común.
18. A la continua aceleración de
los cambios de la humanidad y del planeta se une hoy la intensificación de
ritmos de vida y de trabajo, en eso que algunos llaman «rapidación». Si bien el
cambio es parte de la dinámica de los sistemas complejos, la velocidad que las
acciones humanas le imponen hoy contrasta con la natural lentitud de la
evolución biológica. A esto se suma el problema de que los objetivos de ese
cambio veloz y constante no necesariamente se orientan al bien común y a un
desarrollo humano, sostenible e integral. El cambio es algo deseable, pero se
vuelve preocupante cuando se convierte en deterioro del mundo y de la calidad
de vida de gran parte de la humanidad.
19. Después de un tiempo de
confianza irracional en el progreso y en la capacidad humana, una parte de la
sociedad está entrando en una etapa de mayor conciencia. Se advierte una
creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza,
y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con
nuestro planeta. Hagamos un recorrido, que será ciertamente incompleto, por
aquellas cuestiones que hoy nos provocan inquietud y que ya no podemos esconder
debajo de la alfombra. El objetivo no es recoger información o saciar nuestra
curiosidad, sino tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en
sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la
contribución que cada uno puede aportar.
I.
Contaminación y cambio climático
Contaminación, basura y cultura del
descarte
20. Existen formas de
contaminación que afectan cotidianamente a las personas. La exposición a los
contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la
salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes
prematuras. Se enferman, por ejemplo, a causa de la inhalación de elevados niveles
de humo que procede de los combustibles que utilizan para cocinar o para
calentarse. A ello se suma la contaminación que afecta a todos, debida al transporte, al humo de la industria, a los depósitos de sustancias que contribuyen a la
acidificación del suelo y del agua, a los fertilizantes, insecticidas,
fungicidas, controladores de malezas y agrotóxicos en general. La tecnología
que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de
hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que
existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema creando otros.
21. Hay que considerar también la
contaminación producida por los residuos, incluyendo los desechos peligrosos
presentes en distintos ambientes. Se producen cientos de millones de toneladas
de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios
y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e
industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra
casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. En
muchos lugares del planeta, los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos,
que ahora se ven inundados de basura. Tanto los residuos industriales como los
productos químicos utilizados en las ciudades y en el agro pueden producir un
efecto de bioacumulación en los organismos de los pobladores de zonas cercanas,
que ocurre aun cuando el nivel de presencia de un elemento tóxico en un lugar
sea bajo. Muchas veces se toman medidas sólo cuando se han producido efectos
irreversibles para la salud de las personas.
22. Estos problemas están
íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres
humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura.
Advirtamos, por ejemplo, que la mayor parte del papel que se produce se
desperdicia y no se recicla. Nos cuesta reconocer que el funcionamiento de los
ecosistemas naturales es ejemplar: las plantas sintetizan nutrientes que
alimentan a los herbívoros; estos a su vez alimentan a los seres carnívoros,
que proporcionan importantes cantidades de residuos orgánicos, los cuales dan
lugar a una nueva generación de vegetales. En cambio, el sistema industrial, al
final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de
absorber y reutilizar residuos y desechos. Todavía no se ha logrado adoptar un
modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las
generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no
renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento,
reutilizar y reciclar. Abordar esta cuestión sería un modo de contrarrestar la
cultura del descarte, que termina afectando al planeta entero, pero observamos que
los avances en este sentido son todavía muy escasos. El clima como bien común
23. El clima es un bien común, de
todos y para todos. A nivel global, es un sistema complejo relacionado con
muchas condiciones esenciales para la vida humana. Hay un consenso científico
muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante
calentamiento del sistema climático. En las últimas décadas, este calentamiento
ha estado acompañado del constante crecimiento del nivel del mar, y además es
difícil no relacionarlo con el aumento de eventos meteorológicos extremos, más
allá de que no pueda atribuirse una causa científicamente determinable a cada
fenómeno particular. La humanidad está llamada a tomar conciencia de la
necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo,
para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo
producen o acentúan. Es verdad que hay otros factores (como el vulcanismo, las
variaciones de la órbita y del eje de la Tierra o el ciclo solar), pero numerosos
estudios científicos señalan que la mayor parte del calentamiento global de las
últimas décadas se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero
(dióxido de carbono, metano, óxidos de nitrógeno y otros) emitidos sobre todo a
causa de la actividad humana. Al concentrarse en la atmósfera, impiden que el
calor producido por los rayos solares sobre la superficie de la tierra se
disperse en el espacio. Esto se ve potenciado especialmente por el patrón de
desarrollo basado en el uso intensivo de combustibles fósiles, que hace al
corazón del sistema energético mundial. También ha incidido el aumento en la
práctica del cambio de usos del suelo, principalmente la deforestación para
agricultura.
24. A su vez, el calentamiento
tiene efectos sobre el ciclo del carbono. Crea un círculo vicioso que agrava
aún más la situación, y que afectará la disponibilidad de recursos
imprescindibles como el agua potable, la energía y la producción agrícola de
las zonas más cálidas, y provocará la extinción de parte de la biodiversidad
del planeta. El derretimiento de los hielos polares y de planicies de altura
amenaza con una liberación de alto riesgo de gas metano, y la descomposición de
la materia orgánica congelada podría acentuar todavía más la emanación de dióxido
de carbono. A su vez, la pérdida de selvas tropicales empeora las cosas, ya que
ayudan a mitigar el cambio climático. La contaminación que produce el dióxido
de carbono aumenta la acidez de los océanos y compromete la cadena alimentaria
marina. Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de
cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los
ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros. El crecimiento del
nivel del mar, por ejemplo, puede crear situaciones de extrema gravedad si se
tiene en cuenta que la cuarta parte de la población mundial vive junto al mar o
muy cerca de él, y la mayor parte de las megaciudades están situadas en zonas
costeras.
25. El cambio climático es un problema global
con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y
políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la
humanidad. Los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas
sobre los países en desarrollo. Muchos pobres viven en lugares particularmente
afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de
subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios
ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales. No
tienen otras actividades financieras y otros recursos que les permitan
adaptarse a los impactos climáticos o hacer frente a situaciones catastróficas,
y poseen poco acceso a servicios sociales y a protección. Por ejemplo, los
cambios del clima originan migraciones de animales y vegetales que no siempre
pueden adaptarse, y esto a su vez afecta los recursos productivos de los más
pobres, quienes también se ven obligados a migrar con gran incertidumbre por el
futuro de sus vidas y de sus hijos. Es trágico el aumento de los migrantes
huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son
reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el
peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna. Lamentablemente,
hay una general indiferencia ante estas tragedias, que suceden ahora mismo en
distintas partes del mundo. La falta de reacciones ante estos dramas de
nuestros hermanos y hermanas es un signo de la pérdida de aquel sentido de
responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad
civil.
26. Muchos de aquellos que tienen
más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en
enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir
algunos impactos negativos del cambio climático. Pero muchos síntomas indican
que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales
modelos de producción y de consumo. Por eso se ha vuelto urgente e imperioso el
desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de dióxido de
carbono y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente,
por ejemplo, reemplazando la utilización de combustibles fósiles y
desarrollando fuentes de energía renovable. En el mundo hay un nivel exiguo de
acceso a energías limpias y renovables. Todavía es necesario desarrollar
tecnologías adecuadas de acumulación. Sin embargo, en algunos países se han
dado avances que comienzan a ser significativos, aunque estén lejos de lograr
una proporción importante. También ha habido algunas inversiones en formas de
producción y de transporte que consumen menos energía y requieren menos
cantidad de materia prima, así como en formas de construcción o de saneamiento
de edificios para mejorar su eficiencia energética. Pero estas buenas prácticas
están lejos de generalizarse.
II.
La cuestión del agua
27. Otros indicadores de la
situación actual tienen que ver con el agotamiento de los recursos que provoca
muchas muertes todos los días. Entre los pobres son frecuentes enfermedades
relacionadas con el agua, incluidas las causadas por microorganismos y por
sustancias químicas. La diarrea y el cólera, que se relacionan con servicios
higiénicos y provisión de agua inadecuados, son un factor significativo de sufrimiento
y de mortalidad infantil. Las aguas subterráneas en muchos lugares están
amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extractivas,
agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una reglamentación
y controles suficientes. No pensemos solamente en los vertidos de las fábricas.
Los detergentes y productos químicos que utiliza la población en muchos lugares
del mundo siguen derramándose en ríos, lagos y mares.
28. El agua potable y limpia
representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la
vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos. Las
fuentes de agua dulce abastecen a sectores sanitarios, agropecuarios e
industriales. La provisión de agua permaneció relativamente constante durante
mucho tiempo, pero ahora en muchos lugares la demanda supera a la oferta
sostenible, con graves consecuencias a corto y largo término. Grandes ciudades
que dependen de un importante nivel de almacenamiento de agua, sufren períodos
de disminución del recurso, que en los momentos críticos no se administra
siempre con una adecuada gobernanza y con imparcialidad. La pobreza del agua
social se da especialmente en África, donde grandes sectores de la población no
acceden al agua potable segura, o padecen sequías que dificultan la producción
de alimentos. En algunos países hay regiones con abundante agua y al mismo
tiempo otras que padecen grave escasez.
29. Un problema particularmente
serio es el de la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca
muchas muertes todos los días. Entre los pobres son frecuentes enfermedades
relacionadas con el agua, incluidas las causadas por microorganismos y por
sustancias químicas. La diarrea y el cólera, que se relacionan con servicios
higiénicos y provisión de agua inadecuados, son un factor significativo de
sufrimiento y de mortalidad infantil. Las aguas subterráneas en muchos lugares
están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades
extractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una
reglamentación y controles suficientes. No pensemos solamente en los vertidos
de las fábricas. Los detergentes y productos químicos que utiliza la población
en muchos lugares del mundo siguen derramándose en ríos, lagos y mares.
30. Mientras se deteriora
constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la
tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se
regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura
es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la
sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de
los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los
pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho
a la vida radicado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con
más aportes económicos para proveer de agua limpia y saneamiento a los pueblos
más pobres. Pero se advierte un derroche de agua no sólo en países
desarrollados, sino también en aquellos menos desarrollados que poseen grandes
reservas. Esto muestra que el problema del agua es en parte una cuestión
educativa y cultural, porque no hay conciencia de la gravedad de estas conductas
en un contexto de gran inequidad.
31. Una mayor escasez de agua
provocará el aumento del costo de los alimentos y de distintos productos que
dependen de su uso. Algunos estudios han alertado sobre la posibilidad de
sufrir una escasez aguda de agua dentro de pocas décadas si no se actúa con
urgencia. Los impactos ambientales podrían afectar a miles de millones de
personas, pero es previsible que el control del agua por parte de grandes
empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos
de este siglo.
III.
Pérdida de biodiversidad
32. Los recursos de la tierra
también están siendo depredados a causa de formas inmediatistas de entender la
economía y la actividad comercial y productiva. La pérdida de selvas y bosques
implica al mismo tiempo la pérdida de especies que podrían significar en el
futuro recursos sumamente importantes, no sólo para la alimentación, sino
también para la curación de enfermedades y para múltiples servicios. Las
diversas especies contienen genes que pueden ser recursos claves para resolver
en el futuro alguna necesidad humana o para regular algún problema ambiental.
33. Pero no basta pensar en las
distintas especies sólo como eventuales «recursos» explotables, olvidando que
tienen un valor en sí mismas. Cada año desaparecen miles de especies vegetales
y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver,
perdidas para siempre. La inmensa mayoría se extinguen por razones que tienen
que ver con alguna acción humana. Por nuestra causa, miles de especies ya no
darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje.
No tenemos derecho.
34. Posiblemente nos inquieta saber de la
extinción de un mamífero o de un ave, por su mayor visibilidad. Pero para el
buen funcionamiento de los ecosistemas también son necesarios los hongos, las
algas, los gusanos, los insectos, los reptiles y la innumerable variedad de
microorganismos. Algunas especies poco numerosas, que suelen pasar
desapercibidas, juegan un rol crítico fundamental para estabilizar el
equilibrio de un lugar. Es verdad que el ser humano debe intervenir cuando un
geosistema entra en estado crítico, pero hoy el nivel de intervención humana en
una realidad tan compleja como la naturaleza es tal, que los constantes desastres
que el ser humano ocasiona provocan una nueva intervención suya, de tal modo
que la actividad humana se hace omnipresente, con todos los riesgos que esto
implica. Suele crearse un círculo vicioso donde la intervención del ser humano
para resolver una dificultad muchas veces agrava más la situación. Por ejemplo,
muchos pájaros e insectos que desaparecen a causa de los agrotóxicos creados
por la tecnología son útiles a la misma agricultura, y su desaparición deberá
ser sustituida con otra intervención tecnológica, que posiblemente traerá
nuevos efectos nocivos. Son loables y a veces admirables los esfuerzos de
científicos y técnicos que tratan de aportar soluciones a los problemas creados
por el ser humano. Pero mirando el mundo advertimos que este nivel de
intervención humana, frecuentemente al servicio de las finanzas y del
consumismo, hace que la tierra en que vivimos en realidad se vuelva menos rica
y bella, cada vez más limitada y gris, mientras al mismo tiempo el desarrollo
de la tecnología y de las ofertas de consumo sigue avanzando sin límite. De
este modo, parece que pretendiéramos sustituir una belleza irreemplazable e
irrecuperable, por otra creada por nosotros.
35. Cuando se analiza el impacto
ambiental de algún emprendimiento, se suele atender a los efectos en el suelo,
en el agua y en el aire, pero no siempre se incluye un estudio cuidadoso sobre
el impacto en la biodiversidad, como si la pérdida de algunas especies o de
grupos animales o vegetales fuera algo de poca relevancia. Las carreteras, los
nuevos cultivos, los alambrados, los embalses y otras construcciones van
tomando posesión de los hábitats y a veces los fragmentan de tal manera que las
poblaciones de animales ya no pueden migrar ni desplazarse libremente, de modo
que algunas especies entran en riesgo de extinción. Existen alternativas que al
menos mitigan el impacto de estas obras, como la creación de corredores
biológicos, pero en pocos países se advierte este cuidado y esta previsión.
Cuando se explotan comercialmente algunas especies, no siempre se estudia su
forma de crecimiento para evitar su disminución excesiva con el consiguiente
desequilibrio del ecosistema.
36. El cuidado de los ecosistemas
supone una mirada que vaya más allá de lo inmediato, porque cuando sólo se
busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su
preservación. Pero el costo de los daños que se ocasionan por el descuido
egoísta es muchísimo más alto que el beneficio económico que se pueda obtener.
En el caso de la pérdida o el daño grave de algunas especies, estamos hablando
de valores que exceden todo cálculo. Por eso, podemos ser testigos mudos de
gravísimas inequidades cuando se pretende obtener importantes beneficios
haciendo pagar al resto de la humanidad, presente y futura, los altísimos
costos de la degradación ambiental.
37. Algunos países han avanzado
en la preservación eficaz de ciertos lugares y zonas –en la tierra y en los
océanos– donde se prohíbe toda intervención humana que pueda modificar su
fisonomía o alterar su constitución original. En el cuidado de la
biodiversidad, los especialistas insisten en la necesidad de poner especial
atención a las zonas más ricas en variedad de especies, en especies endémicas,
poco frecuentes o con menor grado de protección efectiva. Hay lugares que
requieren un cuidado particular por su enorme importancia para el ecosistema
mundial, o que constituyen importantes reservas de agua y así aseguran otras
formas de vida.
38. Mencionemos, por ejemplo,
esos pulmones del planeta repletos de biodiversidad que son la Amazonia y la
cuenca fluvial del Congo, o los grandes acuíferos y los glaciares. No se ignora
la importancia de esos lugares para la totalidad del planeta y para el futuro
de la humanidad. Los ecosistemas de las selvas tropicales tienen una
biodiversidad con una enorme complejidad, casi imposible de reconocer
integralmente, pero cuando esas selvas son quemadas o arrasadas para
desarrollar cultivos, en pocos años se pierden innumerables especies, cuando no
se convierten en áridos desiertos. Sin embargo, un delicado equilibrio se
impone a la hora de hablar sobre estos lugares, porque tampoco se pueden
ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto
de cuidarlos, pueden atentar contra las soberanías nacionales. De hecho,
existen «propuestas de internacionalización de la Amazonia, que sólo sirven a
los intereses económicos de las corporaciones transnacionales». Es loable la
tarea de organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil
que sensibilizan a las poblaciones y cooperan críticamente, también utilizando
legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio e
indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país,
sin venderse a intereses espurios locales o internacionales.
39. El reemplazo de la flora
silvestre por áreas forestadas con árboles, que generalmente son monocultivos, tampoco
suele ser objeto de un adecuado análisis. Porque puede afectar gravemente a una
biodiversidad que no es albergada por las nuevas especies que se implantan.
También los humedales, que son transformados en terreno de cultivo, pierden la
enorme biodiversidad que acogían. En algunas zonas costeras, es preocupante la
desaparición de los ecosistemas constituidos por manglares.
40. Los océanos no sólo contienen
la mayor parte del agua del planeta, sino también la mayor parte de la vasta
variedad de seres vivientes, muchos de ellos todavía desconocidos para nosotros
y amenazados por diversas causas. Por otra parte, la vida en los ríos, lagos,
mares y océanos, que alimenta a gran parte de la población mundial, se ve
afectada por el descontrol en la extracción de los recursos pesqueros, que
provoca disminuciones drásticas de algunas especies. Todavía siguen
desarrollándose formas selectivas de pesca que desperdician gran parte de las
especies recogidas. Están especialmente amenazados organismos marinos que no tenemos
en cuenta, como ciertas formas de plancton que constituyen un componente muy
importante en la cadena alimentaria marina, y de las cuales dependen, en
definitiva, especies que utilizamos para alimentarnos.
41. Adentrándonos en los mares
tropicales y subtropicales, encontramos las barreras de coral, que equivalen a
las grandes selvas de la tierra, porque hospedan aproximadamente un millón de
especies, incluyendo peces, cangrejos, moluscos, esponjas, algas, etc. Muchas
de las barreras de coral del mundo hoy ya son estériles o están en un continuo
estado de declinación: «¿Quién ha convertido el maravilloso mundo marino en
cementerios subacuáticos despojados de vida y de color?». Este fenómeno se debe
en gran parte a la contaminación que llega al mar como resultado de la
deforestación, de los monocultivos agrícolas, de los vertidos industriales y de
métodos destructivos de pesca, especialmente los que utilizan cianuro y
dinamita. Se agrava por el aumento de la temperatura de los océanos. Todo esto
nos ayuda a darnos cuenta de que cualquier acción sobre la naturaleza puede
tener consecuencias que no advertimos a simple vista, y que ciertas formas de
explotación de recursos se hacen a costa de una degradación que finalmente
llega hasta el fondo de los océanos.
42. Es necesario invertir mucho
más en investigación para entender mejor el comportamiento de los ecosistemas y
analizar adecuadamente las diversas variables de impacto de cualquier
modificación importante del ambiente. Porque todas las criaturas están
conectadas, cada una debe ser valorada con afecto y admiración, y todos los
seres nos necesitamos unos a otros. Cada territorio tiene una responsabilidad
en el cuidado de esta familia, por lo cual debería hacer un cuidadoso
inventario de las especies que alberga en orden a desarrollar programas y
estrategias de protección, cuidando con especial preocupación a las especies en
vías de extinción.
IV. Deterioro
de la calidad de la vida humana y degradación social
43. Si tenemos en cuenta que el
ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a
ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, no podemos dejar de
considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de
desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las
44. Hoy advertimos, por ejemplo,
el crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho
insalubres para vivir, debido no solamente a la contaminación originada por las
emisiones tóxicas, sino también al caos urbano, a los problemas del transporte
y a la contaminación visual y acústica. Muchas ciudades son grandes estructuras
ineficientes que gastan energía y agua en exceso. Hay barrios que, aunque hayan
sido construidos recientemente, están congestionados y desordenados, sin
espacios verdes suficientes. No es propio de habitantes de este planeta vivir
cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del
contacto físico con la naturaleza.
45. En algunos lugares, rurales y
urbanos, la privatización de los espacios ha hecho que el acceso de los
ciudadanos a zonas de particular belleza se vuelva difícil. En otros, se crean
urbanizaciones « ecológicas» sólo al servicio de unos pocos, donde se procura
evitar que otros entren a molestar una tranquilidad artificial. Suele
encontrarse una ciudad bella y llena de espacios verdes bien cuidados en
algunas áreas «seguras», pero no tanto en zonas menos visibles, donde viven los
descartables de la sociedad.
46. Entre los componentes
sociales del cambio global se incluyen los efectos laborales de algunas
innovaciones tecnológicas, la exclusión social, la inequidad en la
disponibilidad y el consumo de energía y de otros servicios, la fragmentación
social, el crecimiento de la violencia y el surgimiento de nuevas formas de
agresividad social, el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los
más jóvenes, la pérdida de identidad. Son signos, entre otros, que muestran que
el crecimiento de los últimos dos siglos no ha significado en todos sus
aspectos un verdadero progreso integral y una mejora de la calidad de vida.
Algunos de estos signos son al mismo tiempo síntomas de una verdadera
degradación social, de una silenciosa ruptura de los lazos de integración y de comunión
social.
47. A esto se agregan las
dinámicas de los medios del mundo digital que, cuando se convierten en
omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente,
de pensar en profundidad, de amar con generosidad. Los grandes sabios del
pasado, en este contexto, correrían el riesgo de apagar su sabiduría en medio
del ruido dispersivo de la información. Esto nos exige un esfuerzo para que
esos medios se traduzcan en un nuevo desarrollo cultural de la humanidad y no
en un deterioro de su riqueza más profunda. La verdadera sabiduría, producto de
la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas, no se
consigue con una mera acumulación de datos que termina saturando y obnubilando,
en una especie de contaminación mental. Al mismo tiempo, tienden a reemplazarse
las relaciones reales con los demás, con todos los desafíos que implican, por
un tipo de comunicación mediada por internet. Esto permite seleccionar o
eliminar las relaciones según nuestro arbitrio, y así suele generarse un nuevo
tipo de emociones artificiales, que tienen que ver más con dispositivos y
pantallas que con las personas y la naturaleza. Los medios actuales permiten
que nos comuniquemos y que compartamos conocimientos y afectos. Sin embargo, a
veces también nos impiden tomar contacto directo con la angustia, con el
temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia
personal. Por eso no debería llamar la atención que, junto con la abrumadora
oferta de estos productos, se desarrolle una profunda y melancólica
insatisfacción en las relaciones interpersonales, o un dañino aislamiento.
V. Inequidad
planetaria
48. El ambiente humano y el
ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la
degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con
la degradación humana y social. De hecho, el deterioro del ambiente y el de la
sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: «Tanto la
experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica
demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los
sufre la gente más pobre ».
Por ejemplo, el agotamiento de
las reservas ictícolas perjudica especialmente a quienes viven de la pesca
artesanal y no tienen cómo reemplazarla, la contaminación del agua afecta
particularmente a los más pobres que no tienen posibilidad de comprar agua
envasada, y la elevación del nivel del mar afecta principalmente a las
poblaciones costeras empobrecidas que no tienen a dónde trasladarse. El impacto
de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte prematura de
muchos pobres, en los conflictos generados por falta de recursos y en tantos
otros problemas que no tienen espacio suficiente en las agendas del mundo.
49. Quisiera advertir que no
suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los
excluidos. Ellos son la mayor parte del planeta, miles de millones de personas.
Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero
frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una
cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no
se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta,
quedan frecuentemente en el último lugar. Ello se debe en parte a que muchos
profesionales, formadores de opinión, medios de comunicación y centros de poder
están ubicados lejos de ellos, en áreas urbanas aisladas, sin tomar contacto
directo con sus problemas. Viven y reflexionan desde la comodidad de un
desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la
población mundial. Esta falta de contacto físico y de encuentro, a veces
favorecida por la desintegración de nuestras ciudades, ayuda a cauterizar la
conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados. Esto a veces
convive con un discurso « verde ». Pero hoy no podemos dejar de reconocer que
un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que
debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar
tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres.
50. En lugar de resolver los
problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo
a proponer una reducción de la natalidad. No faltan presiones internacionales a
los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas
de «salud reproductiva ». Pero, «si bien es cierto que la desigual distribución
de la población y de los recursos disponibles crean obstáculos al desarrollo y
al uso sostenible del ambiente, debe reconocerse que el crecimiento demográfico
es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario». Culpar al
aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un
modo de no enfrentar los problemas. Se pretende legitimar así el modelo
distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en
una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni
siquiera contener los residuos de semejante consumo. Además, sabemos que se
desperdicia aproximadamente un tercio de los alimentos que se producen, y « el
alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre ». De
cualquier manera, es cierto que hay que prestar atención al desequilibrio en la
distribución de la población sobre el territorio, tanto en el nivel nacional
como en el global, porque el aumento del consumo llevaría a situaciones
regionales complejas, por las combinaciones de problemas ligados a la
contaminación ambiental, al transporte, al tratamiento de residuos, a la
pérdida de recursos, a la calidad de vida.
51. La inequidad no afecta sólo a
individuos, sino a países enteros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones
internacionales. Porque hay una verdadera «deuda ecológica », particularmente
entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con
consecuencias en el ámbito ecológico, así como con el uso desproporcionado de
los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países. Las
exportaciones de algunas materias primas para satisfacer los mercados en el
Norte industrializado han producido daños locales, como la contaminación con
mercurio en la minería del oro o con dióxido de azufre en la del cobre.
Especialmente hay que computar el uso del espacio ambiental de todo el planeta
para depositar residuos gaseosos que se han ido acumulando durante dos siglos y
han generado una situación que ahora afecta a todos los países del mundo. El
calentamiento originado por el enorme consumo de algunos países ricos tiene
repercusiones en los lugares más pobres de la tierra, especialmente en África,
donde el aumento de la temperatura unido a la sequía hace estragos en el
rendimiento de los cultivos. A esto se agregan los daños causados por la
exportación hacia los países en desarrollo de residuos sólidos y líquidos
tóxicos, y por la actividad contaminante de empresas que hacen en los países
menos desarrollados lo que no pueden hacer en los países que les aportan
capital: «Constatamos que con frecuencia las empresas que obran así son
multinacionales, que hacen aquí lo que no se les permite en países
desarrollados o del llamado primer mundo. Generalmente, al cesar sus
actividades y al retirarse, dejan grandes pasivos humanos y ambientales, como
la desocupación, pueblos sin vida, agotamiento de algunas reservas naturales,
deforestación, empobrecimiento de la agricultura y ganadería local, cráteres,
cerros triturados, ríos contaminados y algunas pocas obras sociales que ya no
se pueden sostener».
52. La deuda externa de los
países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo
mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de
desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera,
siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente
y de su futuro. La tierra de los pobres del Sur es rica y poco contaminada,
pero el acceso a la propiedad de los bienes y recursos para satisfacer sus
necesidades vitales les está vedado por un sistema de relaciones comerciales y
de propiedad estructuralmente perverso. Es necesario que los países
desarrollados contribuyan a resolver esta deuda limitando de manera importante
el consumo de energía no renovable y aportando recursos a los países más
necesitados para apoyar políticas y programas de desarrollo sostenible. Las
regiones y los países más pobres tienen menos posibilidades de adoptar nuevos
modelos en orden a reducir el impacto ambiental, porque no tienen la
capacitación para desarrollar los procesos necesarios y no pueden cubrir los
costos. Por eso, hay que mantener con claridad la conciencia de que en el
cambio climático hay responsabilidades diversificadas y, como dijeron los
Obispos de Estados Unidos, corresponde enfocarse « especialmente en las
necesidades de los pobres, débiles y vulnerables, en un debate a menudo
dominado por intereses más poderosos.
Necesitamos
fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. No hay fronteras
ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo
tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia”…
VI.
La debilidad de las reacciones
53. Estas situaciones provocan el
gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo,
con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado
nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser
los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al
crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud. El problema es que
no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis y hace
falta construir liderazgos que marquen caminos, buscando atender las
necesidades de las generaciones actuales incluyendo a todos, sin perjudicar a
las generaciones futuras. Se vuelve indispensable crear un sistema normativo que
incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas,
antes que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico
terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la
justicia.
54. Llama la atención la
debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política
ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres
mundiales sobre medio ambiente. Hay demasiados intereses particulares y muy
fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a
manipular la información para no ver afectados sus proyectos. En esta línea, el
Documento de Aparecida reclama que « en las intervenciones sobre los recursos
naturales no predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente
las fuentes de vida ». La alianza entre la economía y la tecnología termina
dejando afuera lo que no forme parte de sus intereses inmediatos. Así sólo
podrían esperarse algunas declamaciones superficiales, acciones filantrópicas
aisladas, y aun esfuerzos por mostrar sensibilidad hacia el medio ambiente,
cuando en la realidad cualquier intento de las organizaciones sociales por
modificar las cosas será visto como una molestia provocada por ilusos
románticos o como un obstáculo a sortear.
55. Poco a poco algunos países
pueden mostrar avances importantes, el desarrollo de controles más eficientes y
una lucha más sincera contra la corrupción. Hay más sensibilidad ecológica en las
poblaciones, aunque no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo,
que no parecen ceder sino que se amplían y desarrollan. Es lo que sucede, para
dar sólo un sencillo ejemplo, con el creciente aumento del uso y de la
intensidad de los acondicionadores de aire. Los mercados, procurando un
beneficio inmediato, estimulan todavía más la demanda. Si alguien observara
desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante
comportamiento que a veces parece suicida.
56. Mientras tanto, los poderes
económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una
especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo
contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se
manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están
íntimamente unidas. Muchos dirán que no tienen conciencia de realizar acciones
inmorales, porque la distracción constante nos quita la valentía de advertir la
realidad de un mundo limitado y finito. Por eso, hoy « cualquier cosa que sea
frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado
divinizado, convertidos en regla absoluta ».
57. Es previsible que, ante el
agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para
nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones. La guerra
siempre produce daños graves al medio ambiente y a la riqueza cultural de las
poblaciones, y los riesgos se agigantan cuando se piensa en las armas nucleares
y en las armas biológicas. Porque, « a pesar de que determinados acuerdos
internacionales prohíban la guerra química, bacteriológica y biológica, de
hecho en los laboratorios se sigue investigando para el desarrollo de nuevas
armas ofensivas, capaces de alterar los equilibrios naturales». Se requiere de
la política una mayor atención para prevenir y resolver las causas que puedan
originar nuevos conflictos. Pero el poder conectado con las finanzas es el que
más se resiste a este esfuerzo, y los diseños políticos no suelen tener
amplitud de miras. ¿Para qué se quiere preservar hoy un poder que será
recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario
hacerlo?
58. En algunos países hay
ejemplos positivos de logros en la mejora del ambiente, como la purificación de
algunos ríos que han estado contaminados durante muchas décadas, o la
recuperación de bosques autóctonos, o el embellecimiento de paisajes con obras
de saneamiento ambiental, o proyectos edilicios de gran valor estético, o avances
en la producción de energía no contaminante, en la mejora del transporte
público. Estas acciones no resuelven los problemas globales, pero confirman que
el ser humano todavía es capaz de intervenir positivamente. Como ha sido creado
para amar, en medio de sus límites brotan inevitablemente gestos de
generosidad, solidaridad y cuidado.
59. Al mismo tiempo, crece una
ecología superficial o aparente que consolida un cierto adormecimiento y una
alegre irresponsabilidad. Como suele suceder en épocas de profundas crisis, que
requieren decisiones valientes, tenemos la tentación de pensar que lo que está
ocurriendo no es cierto. Si miramos la superficie, más allá de algunos signos
visibles de contaminación y de degradación, parece que las cosas no fueran tan
graves y que el planeta podría persistir por mucho tiempo en las actuales
condiciones. Este comportamiento evasivo nos sirve para seguir con nuestros
estilos de vida, de producción y de consumo. Es el modo como el ser humano se
las arregla para alimentar todos los vicios autodestructivos: intentando no
verlos, luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes,
actuando como si nada ocurriera.
VII. Diversidad
de opiniones
60. Finalmente, reconozcamos que
se han desarrollado diversas visiones y líneas de pensamiento acerca de la
situación y de las posibles soluciones. En un extremo, algunos sostienen a toda
costa el mito del progreso y afirman que los problemas ecológicos se resolverán
simplemente con nuevas aplicaciones técnicas, sin consideraciones éticas ni
cambios de fondo. En el otro extremo, otros entienden que el ser humano, con
cualquiera de sus intervenciones, sólo puede ser una amenaza y perjudicar al
ecosistema mundial, por lo cual conviene reducir su presencia en el planeta e
impedirle todo tipo de intervención. Entre estos extremos, la reflexión debería
identificar posibles escenarios futuros, porque no hay un solo camino de
solución. Esto daría lugar a diversos aportes que podrían entrar en diálogo
hacia respuestas integrales.
61. Sobre muchas cuestiones
concretas la Iglesia no tiene por qué proponer una palabra definitiva y
entiende que debe escuchar y promover el debate honesto entre los científicos,
respetando la diversidad de opiniones. Pero basta mirar la realidad con
sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común. La
esperanza nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre
podemos reorientar el rumbo, que siempre podemos hacer algo para resolver los
problemas. Sin embargo, parecen advertirse síntomas de un punto de quiebre, a
causa de la gran velocidad de los cambios y de la degradación, que se
manifiestan tanto en catástrofes naturales regionales como en crisis sociales o
incluso financieras, dado que los problemas del mundo no pueden analizarse ni
explicarse de forma aislada. Hay regiones que ya están especialmente en riesgo
y, más allá de cualquier predicción catastrófica, lo cierto es que el actual
sistema mundial es insostenible desde diversos puntos de vista, porque hemos
dejado de pensar en los fines de la acción humana: « Si la mirada recorre las
regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha
defraudado las expectativas divinas».
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