No obstante, es un esfuerzo necesario: tener ecosistemas saludables nos provee de aire limpio, suelos fértiles, agua dulce, cultivos polinizados, materias primas para nuevos fármacos y un largo etcétera.
3. Cambio del uso del suelo
El uso del suelo es otro de los límites que hemos cruzado y consiste en la transformación de bosques, pastizales, humedales, la tundra y otros tipos de vegetación principalmente en tierras para la agricultura y ganadería.
La deforestación, por ejemplo, tiene un enorme impacto en la capacidad del clima para regularse, algo que los especialistas repiten cada vez que hay incendios en el Amazonas.
Pero el cambio del uso del suelo es también uno de los impulsores de las graves reducciones de la biodiversidad, sobre todo por la creciente demanda de tierra para producir comida.
De hecho, uno de los desafíos actuales de la sostenibilidad es cómo alimentar a las casi 8 mil millones de personas que viven en el planeta (y los 2 mil millones más que habrán en 2050) sin quitarle más terreno a la naturaleza.
4. Flujos bioquímicos
La cuarta y última frontera ya sobrepasada es la de los flujos bioquímicos, que abarca sobre todo a los ciclos de fósforo y nitrógeno.

La agricultura representa el 70% del uso de agua dulce en el planeta.
Si bien ambos elementos son esenciales para el crecimiento de las plantas, su uso excesivo en fertilizantes los coloca en zona de riesgo.
Uno de los problemas que esto genera es que parte del fósforo y nitrógeno aplicados a los cultivos es arrastrado al mar, donde empujan a los sistemas acuáticos a traspasar sus propios umbrales ecológicos.
5. Reducción del ozono estratosférico
De los nueve procesos, hay uno solo sobre el que la humanidad actuó con éxito al ver las señales de alerta: la reducción del ozono en la estratósfera.
Hace más de 30 años el mundo entero se puso de acuerdo en prohibir los clorofluorocarbonos (CFC), sustancias químicas que estaban provocando un "agujero" en la capa de ozono.
Las consecuencias de perder esta capa de protección iban desde la multiplicación de los casos de cáncer de piel hasta daños medioambientales irreversibles.

El Protocolo de Montreal vigente desde 1989 prohibió el uso de ciertas sustancias para proteger a la capa de ozono, vital para frenar las radiaciones ultravioletas del Sol.
Tras el famoso Protocolo de Montreal, el ozono estratosférico se ha ido recuperando, lo que hoy nos permite estar tranquilos dentro de la zona segura para este proceso.
6. Uso del agua dulce
Si bien el uso de agua dulce está actualmente dentro del área de acción segura, nos estamos moviendo de forma vertiginosa hacia la zona de riesgo, asegura Rockström en el documental.
Es que la Tierra puede verse como un punto azul desde el espacio, pero solo el 2,5% es agua dulce. Este porcentaje es cada vez menor principalmente por la ya citada creciente presión de la agricultura para producir más y más comida.
Cabe destacar que aunque la desalinización es posible, consume mucha energía que, en general, proviene de los mismos combustibles fósiles que contribuyen al cambio climático. Por si esto fuera poco, este proceso es una fuente de contaminación de los ecosistemas costeros.
7. Acidificación del océano
Con la acidificación del océano sucede algo similar que con el agua dulce: el límite no ha sido cruzado aún, pero estamos peligrosamente cerca.

El blanqueo de los corales los expone a enfermedades y ya ha desatado eventos de muertes masivas de estos organismos a lo largo del mundo.
El problema es que sus efectos quedan justamente ocultos bajo el agua, por ejemplo, con la muerte de los corales.
Este proceso en particular presenta una capa extra de riesgo, pues varias de las extinciones masivas de la historia tuvieron a la acidificación de los océanos como detonante.
En los últimos 200 años, el agua del océano se ha vuelto un 30% más ácida, una tasa de transformación química 100 veces más rápida que la registrada allí en los últimos 55 millones de años.
Este límite está tan íntimamente ligado con el cambio climático que se le suele llamar su "gemelo malvado".
Lo bueno es que si se cumplen las metas del cambio climático ratificadas en la COP26, el pH del océano se mantendrá a raya.
8. Carga de aerosoles atmosféricos
Todavía quedan dos límites por mencionar que no están de uno ni del otro lado de la frontera. Y es que los científicos no saben cómo medirlos.
"No existe una línea base de los últimos 11.000 años para esos procesos, porque son nuevos", explica Tobian.

Respirar aire altamente contaminado es responsable de unas 800.000 muertes prematuras cada año.
Uno de ellos es la contaminación de la atmósfera con aerosoles de origen humano, es decir, partículas microscópicas generadas sobre todo por la quema de combustibles fósiles, pero también por otras actividades como los incendios forestales.
Estos aerosoles afectan tanto al clima (por ejemplo, provocan cambios en los sistemas de monzones en las regiones tropicales) como a los organismos vivos (unas 800.000 personas mueren cada año de forma prematura por respirar aire altamente contaminado).
9. Incorporación de nuevas entidades
El noveno y último proceso es la incorporación de las llamadas "nuevas entidades".
Se trata de elementos u organismos modificados por los humanos, así como sustancias enteramente nuevas. Esto incluye una lista de cientos de miles de entidades que van desde materiales radiactivos hasta microplásticos.
Pero quizás el mejor ejemplo sean los CFC, es decir, esas sustancias químicas que fueron prohibidas para salvar a la capa de ozono estratosférico.
La esperanza como acción
El trabajo del Centro de Resiliencia de Estocolmo no solo advierte sobre los problemas centrales que afectan al planeta. También da esperanza.
"Sabemos cuál es el problema y sabemos que tenemos un problema y también al mismo tiempo sabemos cuáles serían las soluciones posibles. Lo tenemos a la mano", le dice Tobian a BBC Mundo.
El desafío es grande y apremiante: en esta década que termina en 2030 la humanidad debe llevar adelante una transformación masiva para mantenerse en línea.
Sin embargo, los científicos aseguran que es posible.
"Nuestro clima está cambiando", dice este mural pintado en Glasgow, sede de la COP26.
Se precisan acciones rápidas y audaces de parte de todos y cada uno de los gobiernos del mundo, empezando por el uso de energías renovables.
"Nuestra adicción a los combustibles fósiles está llevando a la humanidad al borde del abismo", dijo el secretario general de la ONU, António Guterres, esta semana en la COP26.
"Basta de quemar, perforar y excavar a mayor profundidad. Estamos cavando nuestra propia tumba", agregó.
También aseguró que "los países del G20 tienen una responsabilidad especial, ya que representan alrededor del 80% de las emisiones", recordando a los países desarrollados su compromiso (hasta ahora incumplido) de aportar "US$ 100.000 millones anuales de financiación climática en apoyo de los países en desarrollo".
No obstante, para lograr un mundo sostenible también se necesitan cambios en el estilo de vida de los individuos.
Comer más verduras, ahorrar energía, plantar árboles y elegir caminar, ir en bicicleta o en transporte público son medidas concretas que, según los especialistas, hacen la diferencia.
En otras palabras, lograr un desarrollo sostenible es posible y necesario, pero no fácil. Como dijo la activista sueca Greta Thunberg en un discurso previo a la COP26 que se volvió viral: "La esperanza no es bla, bla, bla. La esperanza es decir la verdad. La esperanza es actuar".
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