Río Paraná: “No es una bajante, no es una sequía. Es la deforestación”


julio 22, 2021 - Sección: Crisis_climática

Por Daniel Verzeñassi*


Foto: Sebastián Lopez Brach
El agua es un ciclo hidrológico, que en América del Sur ha sido dañado
irreversiblemente. La vitalidad y permanencia de ese ciclo tiene directa 
relación con los cursos de agua. El Río Paraná, que experimenta su menor 
nivel en 77 años, integra ese sistema, afectado por el desmonte, el 
agronegocio y las políticas gubernamentales.

Los ríos no nacen en un lugar preciso. Los ríos son atmósferas oceánicas cálidas, son 

vientos, aire húmedo y lluvia sobre los bosques tropicales; son selvas lluviosas y 

evapotranspiración; son nieves andinas que deshielan y surcan en «rápidos», que se 

aquietan en anchuras y meandros (curvas del río). Se hacen sedimento y bordes inundables;

 corren entre islas y deltas, y así van remansando y hablando en su lenguaje de ciclado 

eterno. Y se hacen de nuevo un mar.

Como bien explica el geógrafo Alan Forsberg, hace más de veinte años se estudiaron 

estos flujos de aguas en nuestras latitudes. La lluvia que hace caudaloso al Río Paraná 

—que corre a través de Brasil, Paraguay y Argentina a lo largo de unos 4880

 kilómetros— o exuberante a la selva misionera es producto de un fenómeno único: 

los ríos voladores de la Amazonía. Estos procesos extensos de evaporación y precipitación

 en el bosque crean baja presión atmosférica que atrae constantemente al aire húmedo del 

océano, de ahí el nombre de “bomba biótica de humedad”. Esta bomba sólo funciona en los 

bosques naturales prístinos. Ni la vegetación de los bosques clareados artificialmente y 

explotados, ni de las plantaciones, pastizales o cultivos son capaces de activar la bomba 

biótica y mantener la humedad suficiente para la vida óptima.

Ocurre además que la selva amazónica, corazón de la Madre Tierra, no sólo riega al 

Amazonas, también brinda las lluvias que dan vida a decenas de millones de personas 

más allá de la selva tropical. Cuando los ríos voladores de vapor de agua alcanzan la 

barrera de Los Andes, fuertes lluvias caen al pie de las montañas, en las laderas orientales 

de la selva amazónica ecuatoriana, peruana, boliviana.

Los ríos voladores también giran hacia el sur y traen la humedad vital hasta

 Paraguay, el norte de Argentina y el centro y el sur de Brasil. Allí está el Gran Chaco 

Americano, que se está arrasando para la ampliación del agronegocio. Ese modelo 

arrasa culturas, pueblos originarios que ya no tienen sus montes (pilares fundamentales

 de la vida en esos territorios). Comunidades que mueren, otras son desplazadas, otras 

persisten en soledad y miseria.

Esto pasa en nuestro Norte, donde se está devastando esta gran bioregión. Donde es 

necesario entender que el corazón de la Madre Tierra proporciona el agua para la mayor 

parte de la agricultura que alimenta a la población de Sudamérica, y agua potable para las 

ciudades más grandes del continente. Esas corrientes húmedas saturan en los montes 

y selvas de Argentina, sumando caudal a la cuenca del Plata, en los ríos Paraguay y Paraná.

Foto: Sebastián Lopez Brach

Sin los ríos del cielo, se secan los de la tierra”

Los ríos del cielo son hijos de las selvas. Languidecen con las deforestaciones. Se estima que 

el tiempo de regeneración del bosque lluvioso primario de zona tropical es de medio milenio 

(sí, 500 años).

La deforestación agroindustrial del bosque tropical ha dañado la cinta transportadora

 del ciclo hidrológico en el continente. La selva amazónica atrae los vientos del Atlántico, 

cargados de humedad. La atmósfera se sobresatura con los más de 20.000 millones de 

toneladas diarias de agua, que el bosque primario (que no ha sufrido la intervención humana) 

eleva desde sus raíces y entrega al aire.

Las quemas de la Amazonia consumadas por quienes festejan las “cosechas record” (de sojas, maíz, alguna otra forrajera y oleaginosa) y agroganaderías arrasadoras-, son las responsables de la pérdida de esos “traslados aéreos” de agua.

Todo esto afecta a la situación del río Paraná. La suma de responsables por el actual stress hídrico severo del río debe interpelar a los gobiernos del Cono Sur. Estos cauces de humedades aéreas, agredidos a más de 3000 kilómetros de distancia de las consecuencias y lesiones territoriales donde se expresan, reclama una acción política inmediata. Y ser compartida con la sociedad en su conjunto. 

Hoy el agua es la prioridad para la bio-habitabilidad del territorio argentino. El agua de consumo suficiente, segura y pública. Con los actuales caudales, la capacidad de depuración del río ha disminuido a menos de la mitad del promedio en años anteriores. Tienen relación directa con las tomas de agua para potabilización, que son también las obras principales futuras, con nuevos protocolos de localizaciones y seguridades en distancias de fuentes contaminantes focales y difusas.

Foto: Sebastián Lopez Brach

Por otra parte, la contaminación con agrotóxicos hallada en barros costeros por el equipo de investigación del doctor Damián Marino deben ordenar una pronta revisión de los agroquímicos utilizados en la agricultura y agregarse en el listado de sustancias a analizar en las plantas de potabilización y distribución de aguas de consumo. El problema apuntado debe atenderse con más razón todavía desde este tiempo en adelante, por el seguro aumento de la concentración de dichos sustancias, por el bajo caudal ribereño.

Con este círculo perjudicial de desforestación, afectación de ríos voladores, alteración de regimenes de lluvia y descenso de caudal de ríos, nada más actual que una carta de 1854, escrita por el jefe indio Seattle del Pueblo Suwamish al presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce (en respuesta a la oferta de compra de las tierras indígenas): “El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos y, por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano (…) El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.”

*Integrante del Foro Ecologista de Paraná.

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