América Latina tiene más de 1,1 millones de desplazados climáticos
El fallo de México: buenas políticas, malos
resultados
Si bien los países más extensos tienen una mejor capacidad institucional, obtienen una bajísima calificación cuando se trata de degradación y crímenes ambientales. Dominica (71,54), Panamá (70,92) y San Vicente (70,21) se encuentran en las mejores posiciones, mientras que Brasil (53,95), Barbados (52,9) y México (45,35) ocupan los últimos lugares. Este resultado advierte que los países con mayores recursos no necesariamente pueden hacerlos funcionar con efectividad ni garantizar plenamente el derecho a un ambiente sano de sus ciudadanos. Para Celeste Cedillo, el ejemplo más paradigmático de ello es México: “Tiene buenas políticas federales pero no logra aterrizarlas a nivel subnacional. Es decir, no se ven los resultados a nivel local. Es un fallo muy evidente”.
Otro de los problemas que enfrenta México son los conflictos ambientales, que engloban desde los asesinatos de ecologistas, hasta disputas territoriales vinculadas al extractivismo. México, junto a Brasil y Colombia son los países con más pleitos ambientales en la región. Estos tres países representan el 49,8%, siendo México el país con más conflictos en la región con el 19,8%. América Latina tiene el deshonroso título de ser la región más mortífera para los activistas y acumula nueve de cada diez de estas muertes violentas que, desde 2012, suman 1.910 personas.
La falta de blindaje jurídico también es un punto flaco de la región. El 63,6% de los países estudiados no reconoce el derecho al medio ambiente sano en su Constitución de manera explícita y solo el 9% de los países cuenta con tribunales especializados en materia ambiental.
Para ambas, todas estas carencias componen el término de impunidad ambiental. “No se trata solo de crímenes que no se han resuelto. Es que no exista ley o no se logre aplicar; es la imposibilidad del Estado de generar legislación, políticas o recursos”, dice Cháidez por teléfono. Así, tras analizar más de 50 variables, el índice dividió a los 33 países según su puntuación en tres grandes grupos. Los de impunidad media baja, rondan las mejores puntuaciones (de 64,76 a 59,42) y son: Chile, Ecuador, Costa Rica, Colombia, Argentina, República Dominicana, Uruguay, Bolivia, Perú, Nicaragua y Panamá. Le siguen Venezuela, México, Dominica, El Salvador, Brasil, Cuba, Guyana, Saint Kitts y Nevis, Guatemala, Bahamas y Barbados, quienes aprueban sin mucha holgura. Y, por último, los de peor calificación: Honduras, Santa Lucía, Jamaica, Antigua y Barbuda, Belice, Paraguay, Granada, Haití, San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago y Surinam.
Cháidez lamenta el peor desempeño de los países más pequeños o con menores niveles de ingresos, ya que son los que enfrentan mayores niveles de riesgo y vulnerabilidad ante el cambio climático a pesar de que se caracterizan por una mínima contribución a la emisión de gases de invernadero hacia la atmósfera. Es por ello que las expertas instan a una mayor asistencia técnica a estos países para desarrollar estadísticas y poder formular políticas públicas, procesos de cambio institucional y sistemas de gestión de riesgo, prevención y adaptación basados en la evidencia.
Pero si hay algo sobre lo que quieren incidir es en la falta de datos. Y, en el mejor de los casos, la falta de información comparable de un país a otro. Este es, para ambas, el mayor talón de Aquiles de Latinoamérica. Ambas señalaron que tuvieron que recurrir a información de organizaciones de la sociedad civil que recaban datos “como respuesta al vacío institucional”: “No reportar la información es mantener viva la impunidad”, zanja Cháidez. “Esto solo trae oscuridad a procesos que tienen que evaluarse y monitorearse. Y nos dimos cuenta de que los Estados no se están tomando en serio la tarea de documentar lo que hacen”.
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