Cuidar la
Tierra implica una profunda reflexión sobre nuestra relación con el planeta y
nuestras responsabilidades como habitantes. La MADRE TIERRA le pide a la humanidad actuar de manera consecuente y
responsable con ella, tratarla con cuidado, con afecto, con admiración y
respeto.
Cuidarla
implica ponerse del lado de la vida y asumir responsabilidades éticas,
estéticas y de sentido común,
orientando todo acto humano individual y colectivo a crear condiciones
favorables para vivir como seres humanos comprometidos con los otros y con el entorno.
Es también momento para rendir homenaje a pueblos y
comunidades que protegen con su vida y dignidad a toda prueba, la herencia
cultural, las tierras ancestrales, la biodiversidad del mundo y salvaguardan
recursos genéticos y conocimientos tradicionales. Sus luchas merecen admiración
y reconocimiento, defendiéndose día a día del asedio y la muerte con fortaleza
y valentía tratando de impedir que continue el genocidio y ecocidio sin freno
ejecutado en impunidad por los poderosos.
El compromiso con el cuidado y defensa de la tierra
de pueblos originarios, afros, campesinos y mujeres y hombres en todo el
planeta, ha sido determinante para seguir creyendo en el BUEN VIVIR, que es lo que nos merecemos todos los seres humanos.
El día de la tierra llama a señalar con nombre
propio a los depredadores locales y a sus asociados en el poder y a develar y
enfrentar las nocivas políticas y programas que envenenan con sustancias
tóxicas y bombardeos, rompen las entrañas con el fracking, cambian
el curso de los ríos en beneficio de diferentes intereses, destruyen glaciares,
humedales, poblados, territorios terrestres y acuático para extraer oro,
coltan, litio, cobre y mucho más.
Deforestación, violencia, despojo, muertes por
hambre y sed, tienen en común usar las prácticas y retoricas del modelo del
capital extractivista con estrategias de adulteración de la legalidad y que no
están dispuestos a cesar en el proyecto de poder, basado en apropiarse de los
territorios y sus riquezas, someterlos, controlarlos y saquearlos, porque para
los depredadores, territorio no es cultura y vida sino acopio económico.
Defender la seguridad alimentaria y ponerse del
lado de la custodia de la vida, de la unidad naturaleza-cultura con dignidad,
es compromiso, conciencia.
Debemos reconocer que la naturaleza es un bien valioso
y limitado y que su degradación tiene consecuencias directas en nuestra propia
supervivencia y bienestar. LA TIERRA
es nuestra CASA COMÚN y como tal, debemos cuidarla, respetarla y protegerla para nosotros
y las generaciones futuras.
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